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Июнь
2025

Salvador Allende: la paz de un pueblo es su dignidad

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El 26 de junio el presidente chileno, Salvador Allende cumpliría 117  años. Hoy se siente su presencia. Es símbolo afectivo y efectivo de las luchas por la responsabilidad social del Estado, por la democracia, el socialismo, por la autodeterminación de los pueblos del Sur Global y la paz mundial. Su  trágica muerte hace 52 años marca las vidas de todo un pueblo en su  intento por frenar en Chile las instituciones neoliberales y dar curso al  desarrollo sostenible en el seno de una renovada, tensa e intensa guerra  fría, agudizada en el mundo hoy.  

Su “Yo Acuso” ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972 es trágicamente vigente hoy para toda Nuestra América en el contexto de la  entonces campaña de la ITT y la actuación de la CIA: “Denuncio que mi país es víctima de una grave agresión: un ataque siempre oblicuo, subterráneo, sinuoso, pero no por eso menos lesivo.” Anti colonialista, se vio forzado a romper las amarras con el Fondo Monetario Internacional dada la grave asfixia que éste montaba en Chile. Son “fuerzas que operan en la penumbra, sin bandera, con armas poderosas apostadas en los más variados lugares  de influencia”, denunciaba antes del Golpe Militar que lo derrocara finalmente, con el conocido costo de miles de desaparecidos, quemados,  degollados y la violación sistemática de derechos humanos durante 17  años. 

Elegido con el sólido Programa de la Unidad Popular (UP) y sus 40 medidas (similares en lo grueso a las 100 medidas de la Cuarta Transformación de  Morena en México), su trágico asesinato se convirtió en laboratorio para el capitalismo neoliberal, globalizado y unipolar. Bajo la UP el Estado jugaba un rol social, regulador y fiscalizador en la economía. Se planteaban  jubilaciones justas, previsión para todos, el “medio litro de leche” para  todos los niños, consultorios materno-infantiles en las poblaciones,  medicina gratuita en los hospitales, derecho a becas en la enseñanza básica,  media y universitaria.  

Gran admirador de México y Lázaro Cárdenas, sus medidas abarcaron la  nacionalización de la gran minería del cobre (Anaconda y Kennecot), la reforma agraria, la ampliación de la educación y la salud, la distribución de  la riqueza, la redistribución de la tierra. Su gobierno luchó por regular el sistema financiero, orientarlo hacia el desarrollo y la industrialización, la creación de empresas estatales y la inversión pública en sectores  estratégicos como la educación, la vivienda, la cultura y las artes. Se buscó  la participación ciudadana en la toma de decisiones. Salvador Allende creó  el Primer Ministerio de la Mujer del país, aunque su Ministra, Carmen Gloria  Aguayo, se vio obligada al exilio sin alcanzar a inaugurar su programa. 

¿En qué aspectos nos expresa y convoca la figura de Salvador Allende hoy? ¿Autodeterminación, paz, dignidad? ¿Exilios, migraciones? En el seno de la  desmemoria histórica de hoy, Salvador Allende es nuestro paisaje epocal. Lo derrocó una dictadura cuyo lastre en derechos humanos, culturales, sociales y sexuales sigue al acecho. México dio un ejemplo señero frente a  los exilios de la España republicana, el Chile de la Unidad Popular, los exilios  latinoamericanos. El hecho es hoy tristemente replicado para el propio  México en sus fronteras al norte. 

Quisiera concluir con las propias palabras de Allende ante la ONU, cuando dijera ayer, como anunciando nuestro mundo de hoy: “Son los pueblos, todos los pueblos al sur del Río Bravo, que se yerguen para decir: “¡Basta a la dependencia! ¡Basta a las presiones! ¡Basta a la intervención! Continúan  activas las agresiones y disputas en diversas partes del mundo: el conflicto  en el Medio Oriente, el más explosivo de todos, donde todavía no ha podido  obtenerse la paz”.  

“Habrá paz”, concluye, “¡Pero, qué dejan estas guerras tan crueles, tan  prolongadas y tan desiguales! Millones de muertos y de huérfanos; ciudades  enteras desaparecidas; cientos de miles de hectáreas de tierras asoladas,  sin vida vegetal posible; y destrucción ecológica”. La paz es la dignidad.