ru24.pro
World News
Июнь
2025

He promovido la seguridad desde la rendición de cuentas

0

Ernesto López Portillo se apropió desde niño de la idea de un mundo en el que la justicia social no fuera una utopía. Junto a sus padres y hermanos mayores, fue voluntario. Es el menor de seis hijos nacidos en la Ciudad de México, de padre sinaloense y madre de Jalisco. Formaron una familia muy vinculada a la educación activa, y en particular a la escuela de Decroly.

Mientras su padre apoyaba las luchas sindicales y su madre alfabetizaba adultos, los niños acompañaron cooperativas campesinas y huelgas, de hambre incluso. “Me aprendí todos los cantos que sonaban en las marchas de izquierda muy radical. Me las sabía de memoria, como las canciones que uno aprende en la infancia”.

En la preparatoria, López Portillo se formó con el método alternativo del Centro Activo Freire y luego fue a la UNAM, a estudiar derecho. Las clases de Teoría Política y Teoría del Estado y Derecho Constitucional de Arnaldo Córdova lo cautivaron: “Y me cimbra con un pensamiento de ciencia política y de teoría jurídica, también de izquierda, de profundo cuestionamiento al sistema político mexicano, como lo hizo él”.

Un jovencísimo profesor de Teoría del Derecho, doctorando en Filosofía Analítica, lo invitó al Instituto Nacional de Ciencias Penales. No estaba claro a qué, pero a los 20 años, López Portillo quedó embebido del derecho penal y los temas de seguridad, y aprendió de investigadores, criminólogos, criminalistas, sociólogos y filósofos del derecho y expertos en estadística criminal. Un año después, era jefe de departamento y auxiliar en procesos de evaluación de la investigación.

“Al lado del instituto estaba la escuela de formación de uno de los experimentos policiales más lamentables del Estado mexicano: la Policía Judicial Federal. Ahí estaban, cruzando el patio, y yo no daba crédito de su prepotencia, su desinterés en la formación, su trato agresivo. ¿Cómo podía ser eso la policía? Nos pusimos a estudiar los modelos policiales del mundo, en Francia, en Estados Unidos, en Inglaterra”. En 1994, Samuel González Ruiz, José Arturo Yáñez y Ernesto López Portillo publicaron el primer libro sobre seguridad pública en México.

“Seguridad pública y teoría sobre policía, que son cosas hermanadas, pero no son lo mismo”, advierte el experto, que desde 1997 viaja para observar cómo trabajan las policías en otros países. Chile fue el primero. Después visitó la Escuela de Policía de Cataluña y, a partir de ahí, construyó vínculos con varias policías europeas, entre ellas las de Holanda, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Estados Unidos, Colombia, El Salvador, Guatemala, Argentina, Sudáfrica y Turquía.

En 2003 fundó el Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), que dirigió hasta 2016. Éste, junto con el Centro Prodh, publicó De Atenco a la reforma policial democrática, “un libro que probablemente es el primero que reúne el conocimiento en derechos humanos frente al abuso policial y el conocimiento especializado en reforma policial”.

En el Insyde se creó la primera organización de sociedad civil dedicada a promover la reforma policial democrática y se organizaron foros en la materia. Posteriormente, se publicaron diversos protocolos de investigación de delitos graves con el concurso de la Fiscalía General, y se hizo una campaña nacional contra la tortura, financiada por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés). “También creamos el primer modelo de Certificación Policial Ciudadana, que se está aplicando y sigue creciendo. Se basa en construir un proceso de colaboración donde un consejo ciudadano es públicamente convocado y revisa si la policía tiene regulados los procedimientos operativos con estándares modernos. Es un modelo único en América Latina”.

López Portillo decidió continuar su labor en la Universidad Iberoamericana, donde se dedicó a proponer un modelo de seguridad democrático después de realizar la primera conferencia sobre seguridad en vía civil en 2017.

En la Ibero, con el rector David Fernández, creó el Programa de Seguridad Ciudadana un año después. “Desde aquí he promovido la seguridad ciudadana desde una perspectiva de rendición de cuentas. El problema es cómo entendemos el ejercicio del poder en México, que no permite que nuestras instituciones y políticas de seguridad aprendan a rendir cuentas adecuadamente. La seguridad es un espacio opaco, donde las personas que tienen el poder de tomar decisiones, por lealtades políticas o por complicidad criminal, han estado en la calle toda su vida y conocen la forma en que opera”.

“Nosotros promovemos la policía de proximidad, que es el modelo policial coherente con el paradigma de seguridad ciudadana. ¿Cómo se crean liderazgos que promueven esa confianza? Cuando tienes un secretario de seguridad abierto, cercano a la gente, es porque la alcaldía es así; si tienes una policía estatal que mejora, es porque tienes una Jefatura de Gobierno o un gobernador que está responsabilizándose políticamente de esa mejora. Si tienes alcaldes o gobernadores que no se involucran y dejan el asunto en manos de los operadores de la calle, que siempre han estado ahí, pues se descompone la cosa”.

Afirma López Portillo que en algunos países, la policía se ha movido hacia la reforma democrática, lo que implica la atención prioritaria al ciudadano, el respeto a la ley y a los derechos humanos, y la transparencia y la rendición de cuentas. “La policía hace lo que la política le ordena, y si la política está vinculada al crimen, eso le va a ordenar a la policía: trabajar para el crimen. Por eso existe una tensión tremenda, conflictiva, violenta e histórica que nunca termina. Siempre hay una tensión con la policía, porque hay quien la jala para que proteja a la gente y hay quien la jala para que trabaje en beneficio de ella misma a través de la corrupción y de los grupos políticos y criminales que la manipulan”.

El experto agrega que debemos distinguir entre seguridad y percepción. “No necesariamente estamos peor, pero nos sentimos peor. Hay que distinguirlo, porque la percepción es el dolor de cabeza de la política de seguridad en el mundo. En términos políticos, lo que más importa es la percepción porque afecta la popularidad. López Obrador entregó, según El Financiero, el gobierno con 67% de popularidad, pero también con reprobación de su política de seguridad. Se debe trabajar en los dos planos: el de la realidad material, de reducir daños y riesgos, y el de la realidad subjetiva, que es reducir temores”.