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Апрель
2025

Silvio Rodríguez: Mucho más

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Si la magia, el encantamiento y la poesía, son premisas indispensables para la obra de arte. No cabe duda de que el gran mito de la magia, del encantamiento y la poesía es el Flautista de Hamelin. Yo creo que el Flautista de Hamelin si hubiera nacido en el Caribe, se llamaría igual que ese entrañable, admirado y querido amigo mío: Silvio Rodríguez.

                                                                                                       Luis Eduardo Aute

Es más bien bajito, de orejas pronunciadas, calvo prematuro; pausado, que no es igual que tranquilo, tenor a secas; trovador, que “no es lo mismo, pero es igual” a un poeta; músico e intelectual de su tiempo… de nuestro tiempo.

Que Silvio haya sido una de las voces que acompañaron el sinuoso y largo camino para reconquistar la democracia en Chile, es una verdad que hemos pronunciado reiteradamente, un reconocimiento a su obra y a quienes anónimamente permitieron que su mensaje de resistencia y utopía circulara en cassettes, por las casas de quienes, desde diferentes lugares y por diversos motivos, nos sentíamos parte de la oposición a la dictadura.

Silvio cantó al amor, a “la casa y al árbol”, presentándonos una manera de amar que simbolizaba la intensidad de aquellos años, conocimos palabras con una profundidad que rebozaba el sentimiento a la pareja y aumentaba la pasión por una idea, un proyecto.

No era una amor vacío o centrado en la carnalidad de otra u otro, era la carne, pero también la inteligencia, la víscera, las energías en donde se depositaban esas virtudes, era valorar lo que se era capaz de hacer para transformar una realidad que apremiaba.

Conocimos versos que emulaban un amor problemático y problematizado, un amor libre en su elección, comprometido con su preferencia, vehemente con un sentimiento que, al no ser conocido, sorprendía; al estar en construcción, se estrellaba y estrechaba con lo social; al dibujar un tiempo y espacio, inquietaba; al preguntar, daba certezas.

Silvio Rodríguez es idea que invita a reflexionar, no convoca a enamorarse de esa idea: es un convite a buscar, a herirse, a husmear incluso en esas zonas en donde el desconsuelo será la primera capa de lo hallado, es un llamado a sincerarse sin apaciguar la crueldad del espejo.

También es el “claro de la luna”, es la luz débil, que permite aferrarse o vocear lo nuevo, la esperanza, la ilusión de que hay otros modos de convivir, otras formas de relacionarse, otras utopías que no están mediadas por la ganancia mercante del individualismo, en donde el colectivo restaura el valor perdido, lo cotidiano es la quimera que empuja al futuro y la resistencia un noble refugio para soportarlo.

Hace algunos días, una periodista me preguntaba por qué Silvio seguía despertando interés transgeneracional… No supe qué decirle.  Hoy, buscaría una respuesta que escarbe en la coherencia de una trayectoria y las palabras que se eligen para expresarla. En fin, es una pregunta cuya respuesta siempre será menos, pues Silvio es mucho más que un trovador de nuestro tiempo.