Bacon vuelve a bailar en París
Los autores que alimentaron el universo trágico que marcó las últimas dos décadas de Francis Bacon son el hilo conductor de una de las exposiciones que marcan la agenda del nuevo curso cultural en París y que está siendo ampliamente aplaudida por la crítica. Desde Nietzsche hasta T.S. Eliot pasando por Joseph Conrad, un puñado de creadores que llenaron la biblioteca, el alma y los pinceles del artista británico y que marcaron definitivamente su rica y convulsa producción en los setenta y los ochenta. En total, sesenta cuadros que se exponen en el Centro Georges Pompidou y que configuran la primera retrospectiva de Bacon en Francia desde 1996. Los lienzos, muchos de ellos en el formato tríptico característico de este icono del siglo XX, entablan un diálogo con los textos literarios de los autores predilectos del pintor, «un lector ávido» según el comisario de la muestra, Didier Ottinger, que explica que la muestra ayuda a comprender el imaginario del artista y sus intenciones.
La muestra parte de un año esencial para comprender a Bacon: 1971. Entonces tenía 62 años y se dan dos circunstancias que marcarían el resto de su vida. Por un lado, se celebró en el Grand Palais de París su primera exposición que lo consagró internacionalmente y, por otro, el suicidio de su amante George Dyer, a quien había conocido en plena noche cuando intentaba robar en su taller. Su muerte le permitió acometer una transformación estilística notable para pintar de una forma más simple e intensa a la vez. Fue el acontecimiento que lo dotó de ese sello inconfundible que lo catapultó como uno de los principales exponentes de la pintura del siglo XX. De hecho, las primeras obras expuestas son nuevas versiones que hizo de sus propios lienzos como «Estudio del Papa rojo», a la vez inspirado en la obra de Velázquez «Retrato de Inocencio X».
