La tensión política y la incertidumbre económica no han sido obstáculos para que la capital catalana ahondara en sus señas de identidad. Los barceloneses de toda condición nunca han vuelto la cara a teatros, cines, salones de baile, ni a las plazas de toros, que funcionaron con extensas programaciones durante gran parte de la pasada centuria. Nos encontramos en los primeros meses de 1936, en un ambiente de honda polarización política, un clima revolucionario en la Ciudad Condal, movimientos obreros... Читать дальше...