La memoria de las piedras
“En aquel tiempo contraje el hábito de soñar con las piedras”, escribe Borges en el que sería uno de sus últimos cuentos. A mí me bastó con poseer una —un pequeño fragmento de mármol recogido en Delfos, hacia 1984— para comenzar a soñar con ellas. Inicié entonces una no demasiado vasta colección de piedras comunes, que dependía de la gentileza de mis amigos viajeros. Ellos, al emprender lejanos periplos, recordaban mi encargo: “tráeme una piedrita, una que quepa en tu mano”. Y así, con el correr de los años... Читать дальше...
