Confieso que, en los días previos al Cónclave, cargados de expectación y rodeados de una especie de electricidad alimentada por no pocas sugerencias maliciosas, me fue conquistando la certeza de que, lejos del escenario plomizo que muchos vaticinaban, la Iglesia disponía de un ramillete de nombres de peso suficientemente amplio como para ofrecer tranquilidad. No era un mero pálpito sino el fruto de un conocimiento creciente de la realidad. La forma y la velocidad con que los cardenales han alcanzado... Читать дальше...